H3

La importancia del valor de la innovación

Por Javier Becerra, Director de innovación H3

“El pensamiento creativo es el bien más valioso y rentable para cualquier individuo, corporación o país. Tiene el poder de cambiar al individuo, a su empresa y al mundo.”

Robert P. Crawford

Ante cualquier crisis, todos necesitamos tener una “estrategia personal” y ésta tiene que ver con la urgente necesidad de “invertir” en nuestro talento, ya que éste será nuestra verdadera ventaja competitiva en el nuevo mundo y en la “nueva normalidad”.

La rapidez con la que aprendamos y pongamos en práctica más de una idea, nos colocará en la ruta correcta para innovar, y no necesariamente en el terreno estricto de la tecnología o en la ciencia.

En todos los sectores hay clientes y proveedores, por lo tanto debemos enfocarnos en innovar en el valor que entregamos a los clientes y esta sola consigna requiere de dos cosas: estrategia y una visión de alcance. Pensar más allá de las fronteras que nos imponemos cuando se habla de la competencia. Es decir, salir de los terrenos conocidos y asumir el reto estratégico de la innovación, la creación de nueva demanda y la generación de nuevos horizontes empresariales.

Hoy más que nunca, la innovación de valor resulta ser el punto medular de la estrategia y esto no es nuevo. Hace veinte años ya lo habían planteado dos mentes empresariales W. Chan Kim y Renée Mauborgne. Ambos afirmaban en sus escritos que un “innovador de valor crea demanda y no juega un juego de cuota de mercado en el espacio de mercado existente. Crea demanda nueva.”

Dentro de ese contexto, ayer y hoy la prioridad es entender cómo crear la demanda. Aprender, salir para atrapar algo, tal vez ideas que estimulen nuestra creatividad. Chan Kim en su libro “La estrategia del océano azul” enfatiza la necesidad de dejar de lado las batallas entre competidores y centrarse en la creación de valor a través de la innovación.

Los océanos azules a los que hace referencia son las ideas de negocio todavía desconocidas, y se basan en:

 Descubrir territorios que no tengan competencia en el mercado.

 Atraer nuevos nichos de clientes.

 Entender que no vale en mucho ser el más barato.

 Enfocar todos los esfuerzos en lograr la diferenciación.

Ante este panorama queda claro que no es suficiente un producto exitoso y un excelente servicio. Se necesitan nuevas fuentes de valor añadido y todas van de la mano de la creatividad, imaginación, capital intelectual, pero sobre todo de talento.

Estamos ante una nueva realidad mundial, la era del talento y las ideas, y ambos conceptos colocan a las personas en primer lugar y ante un gran reto, la creación de valor inmensa y la re-invención individual.

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